La elección de la harina adecuada es crucial para hacer un buen pan sin levadura.
El trigo es el rey de los cereales, el más empleado para hacer pan, ya que tiene buen sabor y además contiene bastante proteína que, al mezclarse con agua, formará el gluten.
Cuanto más gluten tenga, más esponjoso será el pan.
Harinas sin gluten darán lugar a panes densos y compactos.
También se pueden mezclar harinas… por ejemplo harina de trigo y de algún otro cereal o legumbre.
De esta manera conseguiremos lo mejor de ambos ingredientes.
La esponjosidad que nos aportará el trigo, con el mejor sabor del maíz, el centeno, el alforfón o los frutos secos.
La W indica la fuerza de la harina, a mayor W, mayor fuerza, y a mayor fuerza, mayor capacidad de la masa para aguantar la presión del gas que genera la fermentación.
Esto se traduce en que con las harinas de mayor W consigues panes de mayor volumen.
W entre 90 y 150: Son las harinas más débiles, absorben un 50% de agua de su propio peso, son ideales para tartas, galletas, crepes y, en general, repostería, no cuenta con la consistencia para soportar de forma adecuada los procesos de fermentación.
W entre 150 250: es una harina media, absorben entre un 55 Y un 65% de su peso.
Es la harina panadera o panificable por excelencia aunque también puede ser utilizada para repostería, concretamente para elaboraciones en las que se requiere levadura como bizcochos.
También son buenas para hacer masa madre.
W entre 250-300: Son harinas de fuerza media que absorben entre un 65 y un 75% de su propio peso.
También son ideales para la elaboración de panes de mayor volumen y larga fermentación.
W entre 300-370: Es la harina de fuerza y gran fuerza, capaces de absorber hasta un 90% de su propio peso en agua.
Son perfectas para ‘dar fuerza’ a otras harinas débiles, es decir, para hacer panes en los que se mezclan varios tipos de harina, también para hacer pan a partir de masa madre.